Las NotaS
Las notas del piano se escuchan en la fiesta, gente bailando, riendo y platicando, cada quien con una sonrisa cómplice en aquel salón de los “viejos tiempos”.
Todos dedicados a lo suyo, sin más explicaciones y con nada en la mente más que el rock and roll del máximo exponente, ¡Elvis Presley! Dueño de todas las pistas de baile y de muchos corazones de mujeres cuyo amor platónico, era aquel joven de pantalones acampanados y un peinado extravagante pero que lo hacía “el chico diferente”.
La diferencia en la música, en las notas que están escritas en el pentagrama de la línea del tiempo. Música sencilla, con sonidos particulares y siempre similares acompañaban a toda y cada una de las épocas de el cotidiano transitar del tiempo.
Pero la música, siempre ha ido más allá, no solamente es expresión o moda de la época, es unas de las fascinantes coordenadas de cada tiempo, de cada persona, y sobretodo de cada pensamiento.
¿Quién no recuerda a los Beatles?, ese cuarteto de Liverpool que quedará en las monumentalidades de la música como una de las “5 maravillas de las notas”.
Esos grandes exponentes de la música siempre quedarán en los discos de vinil cómo parte de un álbum musical único e irrepetible.
Pero ¿qué es lo que ha hecho a la música tan diferente al paso del tiempo?, la explicación resulta más sencilla de lo que parece, la historia, la evolución, el pensamiento pero sobretodo el sentimiento.
La música muchas veces está formada sólo por ruidos armónicos que bailan y se divierten en conjunto unos con otros, aquello que “se escucha bonito”. Pero no valdría de nada dejarla ahí, esas notas que van por el aire muchas veces están impresas del sentimiento genuino de su autor.
Las canciones de amor, de rebeldía, de fraternidad muchas veces han sacado lágrimas y muchas otras las han secado.
La música es la más humilde expresión del corazón es como la mirada, puedes decir con palabras algo y en tu mirada leerse algo diferente, en las letras de las canciones puede estar oculto un sentimiento con la ligera tonalidad de melancolía o la ruidosa locura de la liberación que se expresa con la dedicada organización de los sonidos.
Cada película e historia que han contado los grandes directores del cine no serían lo mismo sin este toque de locura que la música ha logrado.
Sea como sea, la música trascenderá siempre y cuando venga del corazón, aquellas canciones que hacen llorar o reír, no serán los grandes éxitos del momento pero si son los grandes acompañantes de increíbles momentos.La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.
Kurt D. Cobain
Un CapCucHino Más...
Un momento en el que ya no supo que hacer, todo se volvía confuso, después de haber planeado por años un encuentro tan inesperado y completamente inusual, no supo cómo reaccionar.
Había sido más puntual que de costumbre y había llegado hasta media hora antes de lo previsto, las manos sudaban dentro del saco completamente ajeno al clima, ahí estaba, parado frente al monitor esperando a que el vuelo que esperaba marcara “LANDED”, esperando regresar al pasado tan bello que alguna vez le fue arrebatado.
Arturo, se llama, es la persona mas amable y despreocupada que haya conocido, todos lo saludan cuando camina por las calles con satisfacción de haberlo podido encontrar otra vez esa mañana, una gran persona que todos reconocen como tal pero a la que solamente yo tengo derecho de llamar “EL GRAN PAPI”, es el abuelo más escandaloso y auténtico que se conozca en los cuentos, es todo un personaje.
En una tarde fresca de verano recibió la carta que una vez más hiciera brillar sus ojos de “chavo enamorado”, era Luisa quien le escribía desde la lejana Suecia para avisarle que una vez más quería disfrutar de un café con aquel hombre que si no fuera por la guerra habría continuando cambiando para siempre su vida.
A sus 73 años, el abuelo todavía podía manejar el antiguo Cadillac que los nietos recordaremos siempre como “LA CARCACHA”, y ahí, sin decir nada, se levantó de la mesa, se dio un baño de colonia y en silencio se dirigió hacia el final de su sueño.
Ansioso por la llegada y tratando de acomodar palabras sacadas del baúl de los recuerdos finalmente el monitor señalaba “LANDED”, el abuelo con la paciencia que siempre lo ha caracterizado prendió un puro a pesar de los señalamientos de NO FUMAR y se hizo dueño del lugar.
Ahí estaba Luisa, tan radiante como siempre, con los ojos azules que lo habían conquistado en aquel cuarto en Alemania y que nunca podría olvidar.
Con nada más que una pequeña maleta caminaba la juventud alguna vez tan codiciada por todos los soldados pero sólo alcanzada por aquel que menos la esperaba.
Con todo y sus 69 años y unas cuantas arrugas llenas de experiencia, una vez más supo conquistar al soldado Arturo.
Ella, venía para el funeral de su esposo, quién había fallecido en un viaje a ésta la ciudad que nunca duerme, alguna vez motivo de notas para Frank Sinatra, Nueva York, en un viaje de negocios para finalmente dejar de trabajar y poder disfrutar del último tiempo prestado, pero el destino se le adelanto.
Subieron al TAXI y ninguno de los dos pronunciaba palabra alguna, sólo miradas que intercambiaban recuerdos nunca olvidados.
Lo único que se mencionó en aquel trayecto hacia el hotel donde se hospedaría Luisa fue una invitación, hecha por ella misma al abuelo: -“Te veo mañana a las 5 en el café donde reviven los recuerdos y nacen las esperanzas”-.
Al otro día el abuelo, sin comentarnos nada, volvió a perfumarse y a vestirse con la ropa más elegante que tenía y se dirigió impaciente por primera vez a revivir anhelados recuerdos.
Estuvieron horas platicando de cómo se conocieron en aquel café una tarde, de cómo el destino había preparado tal travesura, haciendo de dos personajes, un soldado alemán y una bella dama judía una historia digna de algo más que una actuación bien pagada de Julia Roberts y Russel Crowe, una historia más digna de las páginas de un libro valioso que de una pantalla de Hollywood.
Llegó la 2° Guerra Mundial y el destino empeñado en seguir escribiendo en el papel los hizo separarse, en el campo de concentración, él la cuidaba, la protegía, con el peligro de llevar el título de traidor y de hasta morir por no mantener una ideología prestada sin haberla pedido; no permitía que sufriera alguna pena y menos que fuera maltratada, inventaba pretextos para esconderse y decirle que siempre estaría con ella, en aquellas noches de esperanza ponía música desde la bocina que los alemanes tenían en la torre de vigilancia para hacerla una vez más soñar junto con él.
Terminada la guerra Luisa fue obligada a salir de Alemania, por el miedo que había ocasionado entre su familia aquella guerra, para que pudiera practicar libremente su religión, él, obligado a quedarse en Alemania a organizar todo el desorden traído por la guerra y lo debía hacer, porque habían corrido rumores de que había protegido a una muchacha judía, se quedó para que no sospecharán y para que no le fueran a hacer algún daño a Luisa.
Último café, los dos capuchinos, el su camino, ella el suyo, el destino no había permitido llevarse a uno para que algún día pudieran volver a encontrarse antes de tomar cada quien el siguiente pedacito en esta vida prestada.
Así fue, hoy regresamos de despedir a aquella mujer que por grandes momentos quedará grabada en la memoria del abuelo y en la mía, por haber hecho de ese hombre que me crió el ejemplo de aquello por lo que vale la pena vivir.
No termina la historia, sólo se vuelven a separar para volverse a encontrar cuando Arturo y Luisa estén preparados para un Capuchino más.